Suiza y Austria son anfitriones de la Eurocopa 2008; el Sporting puede festejar a la caída de la tarde de hoy un doble ascenso: a Primera División y a Segunda B su filial.
Atrás quedarán diez años en la división de plata para el primer equipo y el retorno a una categoría que ya conoció en varias ocasiones el que es vivero de jóvenes promesas y conjunto por el que han pasado muchos futbolistas que han hecho carrera dentro y fuera del Principado; Villa, el que maravilla en la Selección, es ejemplo, ayer otro golazo. No conseguir puntuar esta tarde ante el Eibar sería una decepción general. El Sporting es, lamentablemente, el único referente al alza del fútbol asturiano, sin olvidar, porque no seríamos justos, al Marino.
El conjunto luanquín mantuvo un año más la categoría en Segunda B. Esfuerzo, imaginación y sentido de la realidad son los tres adjetivos que definen la estrategia mantenida por parte de su directiva, entrenador y futbolistas, más la impagable identificación de un pueblo con el equipo que lo representa.
Deteniendo la mirada, centrando la atención aquí, más cerca, en Avilés, la visión en nada se asemeja a Gijón y Luanco. El Real Avilés Industrial malvive y arrastra, en lastimoso peregrinar por la devaluada Tercera División asturiana, el nombre de la ciudad a que representa y a un historial deportivo que, con altos y bajos, nunca encontró la soledad por abandono de una afición que domingo a domingo va dejando más espacios vacíos en la gradas del Suárez Puerta.
La transformación en SAD y el desentendimiento institucional son razón, o parte importante, del divorcio entre equipo y afición. Sin olvidar que en todo deporte, y en el futbol mucho más, mandan los resultados. Sin goles no se ganan partidos, para marcarlos hay que tener equipo y para formar un combinado competitivo hay que contar con apoyo económico. Los tres en uno y nada de forma fraccionada.
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