Ramón Artime Gutiérrez, 'Garrucho': "El cambio climático siempre ha existido; ahí están las glaciaciones"

"Soy defensor de la energía nuclear, pues ya hay 440 centrales por el mundo y todas gozan de seguridad".

Garrucho Soy gijonés desde los trece años, cuando mi padre se instaló en Cimadevilla. Siempre me ha gustado el fútbol; he jugado en el Marino, en el Murcia, Ensidesa, Entrego, y otros asturianos de Tercera División; algo en el Oviedo y casi en el Sporting. Mi puesto era de delantero centro. De otro modo no puedo concebir la vida sin mis amigos; creo que tengo muchos. Toda mi vida he sido un profundo creyente.

Es muy fácil charlar con Garrucho, un hombre que rebosa sencillez, pese a su incuestionable inteligencia. Sumamente discreto, su máxima preocupación al expresarse era la de incurrir en algo que pudiera molestar, o en todo caso manifestarse con petulancia. Como ha de ser natural en un hombre de su calidad humana, su familia es una constante referencia en su conversación. Casado con Ana Guzmán, ambos son padres de tres hijos, «total, somos cuatro químicos y un ingeniero». Ramón Artime nació en Luanco, junio de 1938. Tras su traslado a Gijón se incorporó al Instituto Jovellanos en 4.º de Bachiller, aunque los cursos siguientes, hasta completarlo, fue alumno del Colegio Corazón de María. «Iban allí mis primos y mis padres consideraron que estaría mejor cerca de ellos». Posteriormente se licenció en Ciencias Químicas por la Universidad de Oviedo.

-¿Por qué Químicas, teniendo antecedentes marítimos?
-Tuvimos un profesor en el colegio, el padre Jaurrieta, químico a su vez, que nos inculcó esta afición, o vocación... De cualquier forma su resultado fue muy satisfactorio.

-Si en el tiempo de sus estudios también jugaba al fútbol, ¿logró su carrera a trompicones?
-En sentido literal, sí, porque sufrí muchas lesiones, pero en la práctica conseguí hacer año por año, sin demora alguna. Iba arreglándomelas. Tengo un amigo, Javier Hernández, que suele decirme que acabé la carrera merced a las lesiones.

-Con 22 años y dos profesiones, químico y futbolista, ¿qué camino tomó?
-El primero, pero sin abandonar del todo el segundo. Alterné el trabajo de profesor en el Instituto Jovellanos y en la Escuela de Náutica con un empleo en la fábrica de detergentes Cotalva, en Avilés. Poco tiempo después monté mi propia empresa de detergentes industriales, PQA, (Productos Químicos Artime), sin abandonar la enseñanza. Era una empresa pequeña, pero no puedo quejarme, ni del rendimiento económico ni de la gran experiencia que me aportó.

-Pero acabó dejándola...
-Tuve que venderla cuando acepté el trabajo ofrecido por Repsol para su refinería de Puertollano; era lejos, lo pensé, pero las condiciones resultaban muy favorables. Al final han sido los años, 24, más felices de mi vida, tanto en el terreno profesional como en el particular. Repsol Petróleo es una gran empresa a la que tengo mucho cariño.

-¿Y qué piensa del intento de compra por la petrolera rusa Lukoil?
-No lo veo muy claro y tampoco creo que llegué a realizarse; antes habría que hacer una opa y de momento las cosas están muy paradas. Los rusos de Lukoil tienen muchos yacimientos, y España buenas refinerías, pero detrás de todo hay una política muy poco clara, en mi opinión. En concreto, no me gustaría que el proyecto se efectuara.

-En ese tiempo de Repsol, ¿dejó la enseñanza?
-Yo, sí, pero mi esposa Ana continuó como profesora de Química. Durante los 24 años en Repsol fui jefe de seguridad industrial de la refinería, y jefe de la planta petroquímica de benceno, la primera instalación que se hizo en Europa. Fue necesario seguir un período formativo en Japón, durante dos meses en Mitsubishi Chiyota, una ciudad donde hay impresionantes instalaciones petroquímicas. Nosotros éramos los primeros europeos que caíamos allí y nos trataron de maravilla. Cuando los japoneses, seis ingenieros químicos, vinieron a Puertollano para colaborar en la Petroquímica de Benceno, seis meses, establecimos una magnífica relación; eran gente estupenda. Desde entonces he mantenido contacto con ellos y siento gran simpatía por el pueblo japonés.

-¿Se debe a ese trabajo la concesión del título de colegiado distinguido, otorgado por el Colegio de Químicos de Madrid?
-No, ocurre que durante la etapa profesional de Puertollano fui presidente del Colegio Oficial de Químicos de Ciudad Real, y parece que se valoró mi gestión ya que en su día el Ilustre Colegio Oficial de Químicos de Madrid, estando aún en activo me concedió la insignia de oro. Y ahora, una vez jubilado recibo el título de colegiado distinguido. Supuso una gran satisfacción, y un honor, que recogí el pasado 21 de noviembre en Madrid. Junto a mí lo hicieron el ex presidente de Repsol, Juan Sancho-Rof, hermano del ex ministro; Ana Pastor, que aunque es médica se la ha considerado colegiada de honor, y la catedrática de Químicas de la Universidad Complutense, Carmen Andrade, toda una eminencia, doctora honoris causa de varias universidades, entre ellas la Noruega. También, en Puertollano fui vicepresidente del club de fútbol Calvo Sotelo, que militaba en Segunda División A.

-Explique su historia con el Cardiff.
-A los 19 años me fui a pasar el verano en Inglaterra con el objeto de aprender inglés. En Cardiff, capital de Gales, tenia una amiga que me proporcionó un trabajo de camarero. Yo vivía en una pensión en la que también se alojaba un chico español consciente de mi gran pasión por el fútbol. Al saber que había jugado en el Marino de Luanco me propuso hacer una prueba con el Cardiff. La hice y a los 15 días me ficharon; salí en todos los periódicos. Mi contrato era de amateur pero con interesantes compensaciones, como la de residir en casa de un directivo, pagarme un poco de dinero a la semana... La Liga comenzaba en agosto y yo jugué durante cuatro meses. En el partido de mi debut marqué dos goles. Con ese motivo me hicieron una foto ante una bandera republicana; Cardiff era un nido de exiliados españoles republicanos. Me decían que no iba a poder regresar a España, debido a la foto, pero ésta era en blanco y negro así que tuve la suerte de que aquí no se enterara nadie. Pasado los cuatro meses regresé a España; siempre me preocupó mucho la carrera.

-Estudiando en Oviedo era más fácil fichar por el equipo de la capital...
-Sí, ya andaban tras de mí, pero al final me engañó Argila, entonces director técnico. Me ofreció 50.000 pesetas, que me parecieron poco, pero en el ir y venir me dijo que se había enterado de que yo estaba «cegaratu». En consecuencia me mandaron a Bascarán, que era vicepresidente del club y oftalmólogo. Se extrañó de que yo llevara lentillas, ya que él no las conocía, pero la historia es que el Oviedo se echó atrás. En compensación quiso ficharme Navarro Óptico para hacer publicidad de las lentillas. No acepté, pero creo que soy de los primeros asturianos en haberlas usado.

-¿Por qué le llaman «Garrucho»?
-Es un nombre que heredé de mi padre. Garrucho es un pájaro de mar algo más pequeño que la gaviota. Sus compañeros decían que mi padre era muy vivo, muy ágil y buen pescador, como un garruchín. Y es cierto, porque enseguida se hizo armador de varios barcos.

-¿Cómo vive el fútbol actualmente?
-El Sporting siempre fue mi equipo del alma, junto al Marino.

-¿Piensa que el siglo XX ha señalado el cenit de la química?
-Sin duda, junto a la tecnología. Ha sido el siglo de los combustibles en general, de la energía nuclear, de las renovables...

-Dicen que los filones del petróleo se terminan...
-Que se agotan los combustibles fósiles es un cantar que oigo desde hace 40 años y ahí siguen, aunque eso no impide que apostemos por las energías renovables como la eólica, la solar y la de olas marinas. Y también por las nucleares.

-¿Pese a las amenazas del cambio climático, y de la contaminación?
-El cambio climático es algo que siempre existió; ahí están las glaciaciones y entonces no había excesos de CO2. Otra cosa es la contaminación. El químico noruego Steven Arrhenius, premio Nobel, decía, al estudiar el calentamiento de la Tierra, que era necesaria la aportación de los seres humanos porque con el CO2 se produciría el efecto invernadero, y en consecuencia un calentamiento del ambiente hasta llegar a una temperatura media de 15º; en caso de no producirse esto la Tierra sería casi inhabitable. Lo que pasa es que ahora nos hemos pasado y hay que frenar la escalada.

-¿Qué piensa de la energía nuclear, tan denostada en España?
-Soy un defensor de ella. Chernobyl es la disculpa, pero Chernobyl fue una gran chapuza hace 23 años. Hoy hay 440 centrales nucleares repartidas por el mundo y otras 40 en construcción, todas gozando de total seguridad. Cada reactor lleva un revestimiento tan absoluto que está preparado para resistir toda clase de contingencias, bien naturales o inducidas, como puede ser un atentado.

-¿Y los residuos?
-Se estudia la posibilidad de manipularlos para lograr que sean inocuos. Hoy se entierran en minas abandonadas, en depósitos especiales. España tiene 6 centrales y 8 reactores, cantidades tan escasas que nos obligan a importar energía nuclear de Francia, que dispone de 59 centrales nucleares, algunas instaladas detrás de los Pirineos. Esto me hace sentirme desconcertado respeto a la actitud española de rechazo a las centrales nucleares, cuando su producto se está importando. Siempre resultará más caro, mientras que de otro modo se generaría un importante empleo.

-Hable de su tiempo libre...
-Llevo la pesca en los genes; tengo una lancha en Ribadeo. Hago sidra en un llagarín de Bañugues... Leo mucho. Me falta tiempo para no hacer nada.